No existe medida a los sentimientos que surgen espontáneamente en las proximidades y alrededor del nacimiento del niño Jesús en donde todos, niños, jóvenes, hombres y mujeres se unen en oración para celebrar y rendir pleitesía al Hijo de Dios, el recuerdo mas sublime en la historia universal: el 25 de diciembre.
Así crecieron en la noble costumbre las posadas, los pesebres, la corona de adviento, los villancicos, el árbol de Navidad, el papá Noel o Santa Claus simbolizando la intensidad espiritual de la mítica Navidad.
También, esta fiesta espiritual es un período de necesaria reflexión, un examen de conciencia individual y colectivo para rectificar y enmendar nuestra conducta, no solo ante el supremo creador, sino ante la sociedad, nuestro pueblo y entre nosotros, donde la esperanza creíble y los valores ético morales sean imperativos categóricos y paradigmas de una nación como la nuestra bendecida por la naturaleza y por Dios.
La Navidad es el principio de la redención y el misterio de nuestra fe en cuya celebración del venturoso nacimiento solemnizamos las fiestas pascuales de resurrección.
La Asamblea Nacional, primer órgano del Estado, que nos honramos presidir, se une a estos momentos especiales cargados de alegría, espiritualidad y derroche de amor, deseándoles a todos una Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de paz, de nuevas oportunidades, mucha felicidad y que la bendición del niño Dios se haga presente en el corazón de cada uno.
¡Gloria a Dios en las altura y paz en la tierra a los hombres y mujeres de buena Voluntad!
H.D. HÉCTOR E. APARICIO D.
Presidente de la Asamblea Nacional