Cuarto Período Anual de Sesiones Ordinarias
1 de julio de 2012
Ante todo, deseo darle las gracias a Dios Todopoderoso, sin él nada somos. Ruego a Dios que continúe iluminándonos, fortaleciéndonos y guiándonos para seguir trabajando en beneficio de nuestro querido Panamá.
Pido a Dios que no olvidemos que el trabajo en todo puesto de gobierno debe estar orientado a la búsqueda del beneficio de todos los panameños y que las prioridades de toda gestión de gobierno deben estar siempre en la atención a las necesidades de los más pobres.
Agradezco, en segundo lugar, al pueblo, que nos permite a todos nosotros estar presentes en esta Asamblea Nacional. A los votantes del circuito 8-7, muy especialmente a la gente de El Chorrillo, mil gracias por su reiterado apoyo y confianza. La distinción que hoy recibo al ser electo presidente de la Asamblea Nacional es un reconocimiento de todos ustedes a la capacidad de trabajo y al deseo de superación, características que nos permiten enfrentar y vencer los retos y adversidades que presenta la vida.
Nací, crecí y sigo viviendo en El Chorrillo. Soy un digno y orgulloso representante de esa gente pobre, pero trabajadora, que no pide a los gobiernos que le regalen nada. Los que venimos desde abajo, solo pedimos que construyamos, juntos, un país con igualdad de oportunidades para todos los panameños.
Mi agradecimiento profundo y sincero a la bancada de gobierno, integrada por diputados del Partido Cambio Democrático y de nuestro aliado Molirena, a la dirigencia y a las bases de ambos colectivos. La presidencia que hoy se inicia, con el apoyo de todos ellos, continuará comprometida con el avance del proceso de cambios que realizamos para beneficio del pueblo, cambios que nuestro país necesitaba y reclamaba desde hace 40 años.
A toda mi familia, a mi mano derecha y fiel compañera, Keyra Navarro, gracias por su apoyo, especialmente por su comprensión, por el tiempo que no le he podido dedicar. Ellos saben que soy un hombre comprometido al 100% en ayudar a la gente necesitada. Saben que ayudando a los que más necesitan, le estoy agradeciendo a Dios todas las bendiciones que le ha dado a nuestra familia.
Panameños todos: nuestro país necesita de cada uno de nosotros y la vida nos pone por delante siempre dos caminos: ser parte del problema o ser parte de la solución.
Quienes decidimos ser parte del proyecto político que lidera el presidente Ricardo Martinelli, lo hicimos conscientes de que ser parte de la solución implicaba la necesidad de entender que los cambios que este país necesitaba, desde hace más de 40 años, no se podían postergar, porque el pueblo no aguantaba más frustraciones producto de las tradicionales promesas incumplidas.
Entendimos que hacer los cambios no iba a ser tarea fácil, que habría resistencia de los poderosos grupos económicos que controlaron el país en base a un sistema bipartidista que defendía y beneficiaba solo sus intereses. También habría resistencia de quienes sienten temor a los cambios, pese a ser conscientes de su necesidad.
La Asamblea Nacional fue, desde un inicio, una pieza vital en la instrumentación de una política social y económica dirigida a darle viabilidad a los programas, proyectos y obras que dejaron de ser sueños irrealizables para ser hoy realidades que se construyen frente a los ojos de todos los panameños.
Todos esos programas, proyectos y obras no serían hoy una realidad si, bajo la armónica colaboración entre el Ejecutivo y el Legislativo, no hubiésemos tomado las decisiones difíciles, pero urgentes, para lograr que el cambio fuera real y no cosmético.
Debo hacer un alto aquí para un justo reconocimiento a mis copartidarios José Muñoz y Héctor Aparicio, que me antecedieron en el cargo. Su firmeza y serenidad en momentos difíciles evitó que llegáramos a situaciones que todos habríamos lamentado.
¿Hemos cometido errores en el camino? Sí. La mayoría, más de forma que de fondo. No hemos dudado en reconocerlos ni en corregirlos.
Seguramente cometeremos otros, porque quien no se equivoca es quien no hace nada.
No asumiremos las posiciones politiqueras de aquellos que gobernaron 31 años sin hacer las obras que este país necesitaba, ya sea porque no se atrevieron a tomar la decisión de hacerlas o, simplemente, porque no les interesó hacer esas obras que hoy critican. Ni de aquellos que se quedaron en el camino y que hoy, demagógicamente, reniegan de las decisiones y acciones que impulsaron o respaldaron cuando fueron nuestros compañeros de viaje.
A la oposición política, dentro y fuera de la Asamblea Nacional, le digo que es legítimo aspirar a ser gobierno, lo que no es legítimo es destruir el país para llegar a serlo.
A las fuerzas de gobierno les digo que podemos sentirnos orgullosos de lo que estamos logrando para beneficio del pueblo. Redoblemos esfuerzos para evitar nuevos errores y sigamos construyendo, junto al pueblo, un mejor Panamá para todos.
Señor presidente Ricardo Martinelli, me siento orgulloso de su liderazgo y de su gestión.
Usted pudo, como otros, tomar el camino fácil de las excusas para no hacer, pero, pensando en el bienestar de Panamá y en los panameños, usted se atrevió a enfrentar el camino difícil, asumiendo las acciones que Panamá necesitaba. Sin duda, llegado el momento, las presentes y futuras generaciones así lo reconocerán.
Compatriotas, presento ante ustedes dos décadas de servicio público. He sido electo cinco veces representante de corregimiento y tres veces diputado, gracias al amplio respaldo de los electores.
Mi capacidad para el ejercicio del importante cargo que hoy asumo fue reafirmada por mi reciente actuación al frente de la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional. Así como presidí cada una de las reuniones de esta importante comisión, me verán presidiendo las sesiones del pleno de la Asamblea Nacional.
Como presidente de la Asamblea Nacional, impulsaré algunos cambios en el Reglamento Orgánico del Régimen Interno. Estos buscan propiciar debates profundos, pero ágiles, en este órgano del Estado.
Reconozcamos, gobierno y oposición, que las tácticas dilatorias que, en su momento, todos hemos practicado, no contribuyen en nada a mejorar nuestra imagen institucional.
Estos cambios que impulsaremos también buscan evitar que se repitan las vergonzosas acciones verbales y físicas que presenciamos recientemente, las cuales se constituyeron en un hecho sin precedentes al mancillar la majestad de este pleno.
Esta Asamblea acoge el llamado a la paz hecho por la Iglesia católica, igual que lo ha hecho, también, el excelentísimo presidente de la República, Ricardo Martinelli.
Él es un presidente que no ha dudado al enfrentar los problemas que desde décadas atrás afectaban negativamente la vida de los panameños, actuando con firmeza y adoptando decisiones con inteligencia. Que ha sabido avanzar y retroceder cuando ha tenido necesidad de hacerlo, para evitar caer en las confrontaciones violentas a las que algunos han pretendido llevarnos, porque Ricardo Martinelli es un presidente comprometido con la paz y con el progreso del pueblo.
Dijo Mahatma Gandhi, cito: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Seamos, pues, compañeros diputados de todas las bancadas, ejemplo de tolerancia, respeto y paz para todos los panameños. Que las únicas batallas que ocurran, a partir de hoy, en esta asamblea nacional, las hagamos juntos, fortaleciendo la democracia, enfrentando la marginación social y económica de la mano de la justicia social.
Dios nos bendiga a todos.
Muchas gracias…